Y es que parte de todo lo que me corroe ahora mismo por dentro, un peso, debajo de los pulmones que me carga y empuja hacia el suelo y que cada vez me cuesta más levantar, es que, pese a ello, pese a que ya no sonría, que pida ayuda indirectamente a gritos a personas que ofrecí la mano en su momento, me mata, porque, no importo a nadie.
Pero sería muy egoísta decir que a nadie importo. Mi hermana. Siempre ha estado ahí pero desde hace apenas un año, no me había dado cuenta de como nos podemos ayudar la una a la otra.
Ella es la única que sabe que estoy mal, aunque no lo diga, que lo sabe todo sobre mi, que me escucha, que me presta atención, que pese a que sea una cosa insignificante a los ojos de los demás, ella se da cuenta de lo importante que es para mi y por ello también le muestra importancia, que me pregunta, que una vez que empiezo a hablar deja sus problemas de lado y se centra en atenderme, para luego retomarlos, pero sabe dejarme esa atención que yo necesito, porque soy incapaz de mostrar ni una de mis "cosas" si la otra persona, no muestra interés, si le parece un coñazo, me hace parecer estúpida y me hace pequeña, pequeña, pequeña.
Y además, estoy muy orgullosa de ella, no me cuesta nada contarle algo porque ha conseguido mi total confianza, me gusta contarle cosas de vez en cuando para decir todo lo que pienso y siento, y por supuesto ella también, pero es que, con ella, por fin, sale natural.
Por eso, si alguna vez descubres este misterioso blog, esta va para ti.